Derechos humanos, empresas, trabajo, pandemia… ¿Cómo nos organizamos?

Por Yuriria Pérez

La pandemia por el Covid19 nos ha retado como sociedad y humanidad en muchos aspectos. Irremediablemente, debe surgir el cuestionamiento sobre nuestra actual manera de organizarnos y preguntarnos si en verdad nuestros modelos económicos y políticos están contribuyendo al respeto de los derechos humanos. Es un planteamiento que varixs defensorxs ya se han hecho, previo a la pandemia, pero la crisis sanitaria viene a desvelar la urgencia del enfoque de derechos humanos en la política pública y la manera en que configuramos nuestra sociedad. Si queremos sobrevivir, tenemos que tomar acciones más contundentes. Esta pandemia nos lo ha demostrado: el virus ha puesto el principal reflector en la salud, derecho fundamental de las personas, pero es evidente que no es un derecho que todxs gocen plenamente y esto está directamente vinculado a otros aspectos de nuestra vida económica, social y cultural, donde el acceso a un trabajo en condiciones de dignidad juega un papel muy importante para gozar de salud.

Asimismo, el mantenernos a salvo y guardar la sana distancia es privilegio de unas cuantas personas, y que dicho sea de paso, se sostiene en los hombros de otrxs menos afortunadxs que, a costa de su precarización, permiten que podamos hacer el encierro: pensemos en los repartidores de comida, por ejemplo. 

Adicionalmente, ha sido muy común observar los abusos de empleadores a empleados, en relación con la garantía de un trabajo en condiciones dignas. Ha habido recortes salariales, despidos masivos, suspensión de prestaciones, y otros malos tratos dentro del ámbito laboral que han puesto en riesgo la integridad de las personas. Esto nos invita a reflexionar en el valor que hemos dado a la sobre producción y consumo de bienes, por encima del buen vivir de las personas, y las empresas tienen también la obligación (y ahora la urgencia) de hacer negocios con perspectiva de derechos humanos.

La pandemia ha acelerado lo que ya sospechábamos: la insostenibilidad de nuestros modelos económicos y pone la atención sobre la necesidad de construir otras configuraciones que efectivamente nos brinden bienestar y vayan reduciendo las desigualdades sociales. Y eso únicamente será posible con un enfoque basado en derechos humanos. El priorizar el respeto a la dignidad de las personas para enfrentar los retos de la pandemia es imprescindible; sólo así podremos elegir la vida humana por encima del dinero. Y sólo así podemos seguir llamándonos humanidad.

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