La necesidad de recuperar los vínculos en tiempos de pandemia y colapso social

Por Adriana Arceo Pech

Con frecuencia, solemos pensar que la salud mental está única y exclusivamente relacionada con aspectos individuales; el que una persona pueda contar o no, con una salud mental adecuada, tiende a relacionarse directamente con factores individuales. Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Por lo tanto, la salud mental se encuentra estrechamente vinculada con factores contextuales que inciden de forma directa en ella, con el contexto, con lo colectivo y por lo tanto, es política.

Reconocer el contexto implica comprender los impactos psicosociales desde una dimensión política y socio-histórica, lo cual evita la patologización de las reacciones de las y los individuos y la privatización del daño, dado que permite identificar la responsabilidad de la estructura social y estatal.

Ante la actual coyuntura histórica, es inminente la presencia de diversas afectaciones psicosociales en las personas, no sólo de México, sino de gran parte del mundo; en América Latina las personas se encuentran conectadas por sentimientos de desesperanza, incertidumbre, miedo y dolor, generados no sólo por la pandemia provocada por la COVID-19, sino por la convulsa realidad que parece aportar cada día un nuevo conflicto.

No podemos negar la avasallante realidad: la violencia, la creciente crisis económica, la corrupción, la desigualdad social, las pérdidas humanas diarias y por lo tanto, el dolor, se encuentran entre nosotrxs; pero sí podemos buscar alternativas sobre todo, colectivas, para hacer frente a esa realidad

Solxs no lo conseguiremos: necesitamos colectivizar las experiencias, el dolor y el cuidado por el otro, atrevernos a mirar y nombrar nuestra realidad para posteriormente, propiciar encuentros con personas que se están organizando en éste incierto, pero acompañado, camino de reconstrucción del tejido social.

Necesitamos re-pensar nuestra forma de percibirnos como seres individualistas y solxs en el espacio de tierra que nos toca habitar; eso beneficia al sistema, porque desdibuja lo colectivo, legitima la desigualdad y nos perjudica a todxs. Necesitamos recuperar el contacto con la tierra, con nuestras raíces, con nuestra tribu; si queremos comenzar a reconstruir-nos, necesitamos hacer política en torno al bienestar, al buen vivir, los buenos vivires.

Necesitamos colectivizar nuestro sentir, abrazarnos más, decirnos más: “te quiero”, priorizar nuestros contactos, priorizar al otrx de a lado y entender que sólo a través de la recuperación de nuestros vínculos vamos a poder reconstruirnos en estos dolorosos episodios sociales y por lo tanto, estar en posibilidades de contribuir de una forma más global a la reconstrucción del tejido social.

La salud mental y por lo tanto, la recuperación de los vínculos en medio de una pandemia y colapso social, no solo son políticos, sino que son urgentes.

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